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Forging a Nation

La Memoria Colectiva

David “Coco” Blaustein, director del documental Hacer Patria (Forging A Nation), ingresa al Registro del Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires, Argentina. Pregunta por sus padres, tíos y otros familiares de sus dos ramas: los Blaustein y los Korogodzky, provenientes de Polonia y Ucrania. El señor que lo atiende con gusto, trae los libros de 1923 y 1927, y en base a nombres de las personas y los barcos, encuentra los registros del día en que sus abuelos ingresaron al país. Coco festeja como un niño el hallazgo de tan preciosa información. La pantalla se funde a negro, y comienzan los créditos, mientras se escucha el Kol Nidrei, uno de los cantos más sagrados del pueblo judío que se realiza en el comienzo de Yom Kippur (Día del Perdón). Este rezo que trata la transgresión, las obligaciones, el perdón, la ignorancia y el agradecimiento por la vida, no está puesto en la película por casualidad.

Co-escrita por Irene Ickowicz junto a Blaustein, una buena cantidad de fotos y archivo filmado, y una mayor aún cantidad de aportes y anécdotas familiares, este documental de poco más de dos horas de duración es una viva reconstrucción de la historia entre varios integrantes de la familia. Todos los judíos argentinos en algún momento lo vivimos en nuestras casas: escuchar las historias de testigos directos mezcladas con las que se transmitieron por generaciones, adornadas de “supongo”, “seguro” , “creo” y “me dijeron”. De esta manera se va rearmando un enorme rompecabezas que Blaustein intenta armar con detalle.

Las calles de barro, los reencuentros, la búsqueda permanente, la emoción, y la reconexión con el pasado se hacen presente junto todo tipo de anécdotas, desde un maletín con joyas que salvó la vida de un familiar en manos de un soldado cosaco, los 30,000 sindicalistas hablando en idisch (yiddish), hasta la época en que la tía Matilde se bañaba en vino porque abundaba y faltaba agua (a lo que el tío Efraín agrega “te hubiesen bañado en leche, como Cleopatra”). En el proceso de reconstrucción se transforman las memorias y también los nombres: Iuda pasa a ser Judah oficialmente… para los amigos Oscar. El camino que Blaustein sigue lo lleva a reencontrarse no sólo con su propia historia sino también con sensaciones. La casa de Montevideo 502 en Tandil, la necesidad urgente de colgarse de la medianera para ver que hay adentro, y la invitación a pasar al patio lo hacen revivir, oler y respirar hondo casi ochenta años después. El primo Bubi también vuelve a Lobería, y sus piernas tiemblan cuando después de mucho insistir da con un señor que se acuerda de su padre y las hermosas trenzas de su madre. El viaje de Coco Blaustein es el viaje de toda su familia y de tantas otras familias que emigraron no sólo de origen judío, sino también católicos, especialmente italianos, españoles y tantos otros que han dado forma a la identidad de Buenos Aires y otras provincias, como también pasó en Nueva York con muchas otras colectividades.

Ante tan emotiva investigación la película se olvida del lado artístico y técnico que puede embellecerla. Tanto la cinematografía,
como el sonido y la edición por momentos quedan descuidados y se diluyen en el océano de testimonios. Será tal vez que se puso todo el foco en tratar de entender cómo era la figura fundamental de Don Blaustein padre, o por qué la familia se hizo con el tiempo más Argentina y menos judía, aunque con esta película Coco parece revivir su legado judío. La economía del centavo, la infancia en que se tuvo tan poco, el sufrimiento, las persecusiones, la perseverancia, el miedo a perderlo de nuevo, y la idea de estar listo para zarpar nuevamente a otro lugar, son una constante que aparece como un sello en esta ola de inmigrantes que en la década del ’20 y el ’30 llegó al país.

Mamá Blaustein (Korogodzky) habla en su silla con una autoridad irreprochable frente a la íntima conferencia de prensa formada por hijos y nietos. La “conspiracion del silencio” que en algún momento hubo entre los padres se repite en los hijos que deben escaparse por motivos políticos. Y los viajes parecen ser destino inevitable: Mexico, España y Bolivia esta vez hacen de recordatorio que el exilio es un estigma judío, también Argentino. Como los ideales y el poder de adaptación. Lo dice uno de los hermanos: por evitar el dolor cuando se revuelve el pasado, se cae permanentemente en malentendidos al no contar toda la historia. La necesidad de amalgamarse a la nueva sociedad de la diáspora en la que les toca vivir por momentos parece chocarse con ser judío, aunque esa llama interior no se apaga nunca, sino que de alguna manera se transforma. Porque al hacer patria, el judaísmo y la argentinidad no se excluyen sino lo contrario. En este viaje en el que Blaustein nos guía resurge la obligación de no olvidar, la necesidad de saber y comprender, el homenaje a los padres y el agradecimiento por llegar a este punto del recorrido en el que se comparte la música, se comparte la culpa, y a pesar de las diferencias se comparte la vida.


Miércoles 2 de Mayo, 6:00pm (AMC Kips Bay)
Viernes 4 de Mayo, 4:30pm (AMC VIllage VII)
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