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The Hairy Tooth Fairy

En la película argentina-española El Ratón Pérez, Lucía es una niña despierta y simpática que por traviesa pierde un diente, y siguiendo el consejo de sus padres lo deja bajo la almohada para que el ratoncito Pérez se lo lleve. El famoso Pérez conocido por todos los niños hispanos es ese que el Padre Luís Coloma describe en el cuento que escribió en el siglo XIX para el infante futuro rey Alfonso XIII: un ratón que intercambia los dientes que los niños dejan bajo la almohada por monedas, mientras ellos duermen.
Lo que no nos contaron ni el Padre Coloma ni nuestros papás se aclara en la película: en realidad, el ratoncito Pérez es el líder desinteresado y bien intencionado de una gran organización compleja, que mantiene ratones por todos lados, a la espera de dientes de leche, para transformarlos en joyas. Una vez los niños han perdido sus piezas dentales por caída natural, golpe accidental o a través de método del hilo, el ratoncito correspondiente desencadena un mecanismo que envía el mensaje de ratón a ratón hasta dar con la base de operaciones: un barco anclado en el muelle. Una vez enterado Pérez, inmediatamente ejecuta en persona la operación de intercambio del diente por moneda, generalmente con éxito. En el barco, los dientes son esculpidos, retocados y abrillantados para convertirse en hermosas perlas que luego de otro trueque, esta vez con un joyero de confianza, terminan en una joyería.

Eso, decía, es lo que sucede generalmente. No en el caso de Lucía. Ella dejará su diente bajo la almohada y al despertar no encontrará ni diente ni moneda, sino la responsabilidad de encontrar y rescatar a Pérez.

Muy distinto al arrogante Topo Gigio de mi infancia, el ratoncito Pérez es mas bien un roedor bastante bonachón, casi que aburrido. En general, así son todos los personajes buenos de la película a los que les vendría bien una pizca de picardía.

Sin embargo, este film, por director Juan Pablo Buscarini, tiene otras virtudes. Es, por ejemplo, técnicamente impecable. La animación de los ratones y sus parafernalias correspondientes es buenísima. Los ratoncitos animados en 3D son tan reales que parecen hechos de hule. Hablan y se mueven con tanta naturalidad y gracia que su origen binario pasa totalmente desapercibido. La fotografía es también muy buena al igual que la escenografita. Y la música es bellísima. La actuación es menos sobresaliente pero funciona muy bien para el propósito. Forman parte del elenco la pequeña Delfina Varni (Victoria de Floricienta), la actriz colombiana Ana María Orozco (Betty de Betty la fea) y el veterano actor de comedias Joe Rígoli (El novicio rebelde, Mi mujer no es mi señora, Bañeros II, La Playa Loca…).

Tuvieron que pasar dos siglos para que la historia del famoso ratón se complemente y salte del papel a la imagen digitalmente animada. Quizá en dos más, nuestros descendientes del siglo 23 presencien una historia aún más completa contada por hologramas con aromas y la participación de público.